Decenas de chicas latinoamericanas ofrecen espectáculos eróticos con sus cámaras web a clientes españoles, a cambio de SMS. Se trata de un incipiente y lucrativo negocio, del que ellas sólo recogen el 10%

Ruby, Betty, Chica_tímida, Darlin, Latinabella… Son algunos de los apodos que usan decenas de chicas que se desnudan en la Red. Aunque páginas con webcam eróticas existen casi desde que apareció Internet, desde hace unos meses, se está produciendo un nuevo fenómeno: son ellas las que captan a los clientes y les ofrecen las imágenes por mensajería instántánea, en particular el Messenger, a cambio de varios SMS Premium. Del dinero que generan sólo se llevan una pequeña parte.

El caso de Ana P. ilustra muy bien todo lo que hay detrás de este nuevo negocio. Es mexicana, asegura tener 21 años y vino a España hace menos de uno. Vive en Madrid, en el barrio de Vallecas, dice que con su tía. Todas las tardes se encierra en su habitación y entra en las salas de chat de Ozú, Orange o Yacom. Habla poco, se limita a dejar un mensaje sugerente y su dirección de correo Hotmail. Los interesados copian su email y lo agregan al Messenger. Hablan, acuerdan un precio, él manda los mensajes y ella conecta la cámara.

Las decenas de chicas que, como Ana P., se dedican a esto trabajan en realidad para una empresa.

Varios problemas las obligan a depender de terceras personas. Uno es tecnológico. Aunque con una webcam y el Messenger ya les bastaría para hacerlo por su cuenta, la empresa les presta una plataforma tecnológica que les facilita la tarea. Pero la razón más importante es que soluciona el problema más serio: cómo cobrar. La compañía les asigna una clave que dan al cliente, y ella se encarga de recaudar el dinero de los mensajes de tarificación adicional.

La mayor parte de las mujeres que usan su Messenger para ofrecer espectáculos virtuales dan siempre uno de estos números: el 5200 y el 5500. Aunque son numeraciones habituales para otros negocios –como concursos, sorteos o descarga de tonos por empresas legales– en este caso, lo único que hay tras estas cifras es oscurantismo.

A diferencia del negocio tradicional, en el que las chicas conectan su cámara a través de una web, aquí no hay página a la que puedan acudir los usuarios. La Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones asegura que son las operadoras las que manejan los números cortos. Éstas, por su parte, aconsejan acudir a la Asociación de Empresa de Servicios a Móviles (AESAM). Aquí, ninguna de sus compañías usa esos números. “Condenamos este tipo de actuaciones”, dice un portavoz de la AESAM.

Al final, el rastro lleva hasta Sinermedia. Es una firma de Girona que, entre otros negocios, desarrolla plataformas de videochat, envío de SMS y centros de llamadas. También hace de pasarela de pagos y provee números especiales. Reconoce que tienen el 5200 y el 5500 en su cartera, pero asegura que no crea este contenido. La empresa se niega, en todo caso, a revelar el nombre de los dueños de este negocio.
No viven en España

No se sabe la nacionalidad de la empresa, pero sí el origen de sus trabajadoras. La práctica totalidad de las mujeres son latinoamericanas. Algunas viven en España. Otras, aunque dicen residir en Barcelona o Madrid, no son capaces de decir el nombre de una sola de sus calles más famosas. Ana P., por ejemplo, tiene dos amigas que también dan cámara por dinero. Una de ellas es venezolana y la otra de Ecuador, emigrada a España. Sus razones son sencillas. “Hay que vivir. Además, le mando dinero a mi hermana”.

Son muy pocos los hombres que quieren reconocer que han usado estos servicios. Uno, que no da su nombre, explica que prefiere usar el Messenger que ir a una página de webcam eróticas. “Te haces la ilusión de que tienes cibersexo de verdad”, comenta. Cuando se le dice que la chica sólo se lleva el 10% de lo que él paga, le sorprende y lo ve injusto, pero no es asunto suyo.

Fuente: www.publico.es